viernes, mayo 17, 2013

La nueva religión: el viaje de ida y vuelta

   
    Llamemos A. a nuestro protagonista del artículo anterior (La nueva religión. Queriendo salir del cuarto) quien, buscándose a sí mismo y deseando ser feliz, se dio cuenta de que nos encontramos encerrados en un cuarto.


A. quiso salir de él y, en el proceso de hacerlo, vio unos pasillos con estancias ocupadas por mucha gente. Se sintió bien, acompañado y comprendido, pues todos esos seres buscaban lo mismo que él. Se detuvo en esas estancias, experimentando distintas sensaciones y adquiriendo más conocimiento, cada vez más, a cuál más enriquecedor.


  Seguimos con la historia de A.

  ¿Qué pasó luego?

  A. aprendió mucho y sintió sensaciones hasta ese momento desconocidas. Conoció gente estupenda, gente que estaba en su mismo sector de vida, por así decirlo, con quienes compartía las mismas vibraciones. 


Pero A. todavía no había encontrado lo que buscaba. Había visto la puerta; sin embargo, de repente, dejó de verla, excepto en algunos momentos. Desconocía cómo dirigirse a ella aunque todo lo que había aprendido y ya "sabía" apuntaba a la salida pero seguía sintiendo que tenía un peso en sus pies pues no podía andar hacia ella. 

Entonces tomó la gran decisión de su vida: lo dejó todo.

Dejó a sus amigos, dejó su trabajo, vendió todas sus pertenencias, regaló todo lo que le sobraba y con una mochila y algo más se adentró a conocer el mundo, a experimentar más en carne lo que había aprendido en esas estancias y pasillos.

  Su viaje comenzó por Oriente, ¿cómo no? Se adentró en desiertos, practicó el silencio en lugares adecuados para ello, oyó orar a otros, aprendió otras filosofías, otras verdades, conoció gente, sintió paz. Su viaje acabó en Latinoamérica y, un día, dos años más tarde, regresó a España.

  Buscó trabajo acorde con lo que sentía. Hizo de ayudante para un terapeuta naturópata que hacía uso de distintas terapias que el propio A. había visto hacer en otras tierras, En su tiempo libre, ayudaba y asesoraba en un herbolario e impartía, de vez en cuando, alguna que otra charla sobre meditación.

Pero la preocupación por su sustento le embriagaba. No tenía dinero para llevar ni siquiera la vida austera que se había planteado.

 "¿Dónde está la puerta? ¿Qué me está pasando? He pagado un alto precio. He sufrido, he pataleado, he practicado distintas filosofías, he escuchado, he silenciado, he experimentado, y aún sigo sin sentir plenitud."

  "¿Quién soy?"

  Eso se preguntaba cuando se encontró con un amigo de su niñez y juventud, el más "salvaje" amigo que uno pueda tener. Hacía casi quince años que no lo veía. Su amigo lo invitó a tomarse algo en uno de los restaurantes que regentaba.

  A. se alegró mucho de verlo y le contó todo acerca de sus cambios en la vida, de sus viajes en la búsqueda de su ser. Finalizó su relato con la frase que un viejo sabio, Maestro de los Maestros en Japón, le había dicho:

  "Todo lo que quieres saber, está en ti".

  Su amigo lo miraba atentamente mientras A. temía que este no se hubiese enterado de nada o que, sencillamente, no lo hubiese comprendido, como ya estaba acostumbrado que le ocurriera.

  Su amigo, tras escuchar atentamente su relato, le puso un brazo por encima del hombro y le susurró:

  "Eso mismo que te dijo ese maestro, te lo habría dicho yo y no habrías tenido que ir a ningún sitio. ¿Qué es lo que quieres saber?"

  Y yo te pregunto:

  ¿Estás preparado para recibir la respuesta?

  La respuesta no está allá lejos. Más lejos la sientes, más cerca la tienes. Solo hace falta "humildad" para verla.



  Gracias y disfrutemos.



  Ruth Morales

(Cambio de Realidad. Ruth Morales. www.cambioderealidad.com)





2 comentarios:

  1. Estimada Ruth:

    Tu relato es muy bello, existen dos párrafos con los que me sentí identificada: 1.- Pero A. todavía no había encontrado lo que buscaba. Había visto la puerta; sin embargo, de repente, dejó de verla... 2.- ¿Dónde está la puerta? ¿Qué me está pasando?...

    Sé que la puerta ya la encontré, está abierta y me hace feliz porque la veo pero siento que no logro cruzarla… ¿Me puedes enseñar qué es la humildad? ... Gracias.





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    1. La humildad es entender que todo está BIEN como está. Solo se puede ver esto cuando se ha sobrepasado la línea del bien y del mal, concepto único que rige esta obra o cuarto.

      Gracias Marcela.

      Un abrazo

      Ruth M.

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