viernes, abril 26, 2013

La nueva religión. Queriendo salir del cuarto




   Después de mucho tiempo buscándote, buscando tu hueco y tu premio en la vida, un día tienes una revelación: te das cuenta de que estás en un cuarto. Un cuarto con cuatro paredes, techo y suelo y sientes que has descubierto que es lo más parecido a una cárcel.

   Enseguida cambia tu percepción de la realidad. Empiezan a cuadrar las piezas de todo y te llenas de entusiasmo por la vida. Ya todo empieza a tener sentido. Estás contento y dispuesto a darlo todo por esta revelación: ya no puedes ir hacia atrás. Ya has visto los límites del cuarto.
  
   Ahora tu objetivo es salir de esa cárcel y tus fuerzas van destinadas a este fin. Te vuelves loco buscando la salida por todos los lados. No te amedrentas y sigues adelante. No lo pasas bien pero continúas en tu búsqueda, separándote de tus compañeros de cuarto que no buscan nada.

 Sin embargo, empiezas a pasarlo peor que cuando no sabías que estabas en un cuarto y peor que aquellos que aún no saben que están encarcelados.

   A pesar del malestar que sientes, sigues buscando la salida y te vas topando, una y otra vez, con todas las medidas de seguridad y autoridad que te impiden llegar a ella. Te sientes herido, sin fuerzas, derrotado pero continúas con el objetivo de salir de esa jaula. Vuelves a caer herido; te sientes débil pero continúas con tu propósito.

   Cuando ya no te quedan fuerzas y estás a punto de dejarlo todo, de repente, una gran puerta, totalmente abierta, se te presenta delante.

¡Has visto la puerta del cuarto!

  Es tan grande que realmente no es ni una puerta. Es un espacio abierto.

  Estupefacto y con la boca abierta, te das cuenta de que nunca hubo paredes, ni medidas de seguridad, ni guardias ni celdas:  nunca hubo cárcel.

   Esta aparición-revelación te deslumbra; sientes que no te ves con fuerzas para ir hacia ella. Comienzas a dudar.

   "¿Y si esto es un espejismo? ¿Y si esto es la ilusión y donde he estado siempre es la Verdad?"

   Así y todo, intentas ir hacia la salida pero has olvidado la capacidad responsable de dirigirte a algún lugar por ti mismo, libre y sin medidas de seguridad ni autoridad. 

Nunca has tenido tanto miedo. Te sientes solo y parece que ya no andas sobre el suelo, sino que este se derrumba.

   Experimentas un pánico tal que empiezas a dudar de lo que estás viendo y en ese momento es cuando ves unos pasillos con distintas estancias, llenas de gente. Te acercas a las personas que ahí se encuentran y compruebas con cierto alivio que todas están en tu misma situación, que todas quieren ir hacia la gran puerta. 

Entonces, charlas con todo el mundo ya que piensas que todos irán juntos y que había que pararse allí antes. Sientes un alivio redentor. Nunca te habías sentido tan bien. Eres feliz y compartes tu felicidad con ellos. Los demás comparten sus experiencias entre ellos también y todos hablan el mismo lenguaje.

 "¡Dios mío! Esto es lo que andaba buscando. ¿Cómo no he podido verlo antes?"

   En cada estancia se intercambian diversas experiencias, todas relacionadas con la gran puerta, la salida.
  
  "¡Qué bien me encuentro aquí!"

   ¡Y te quedas en el cuarto! 

Te quedas en él, creyendo estar fuera de él mientras describes sus cuatro paredes.

   Recuerda: La coherencia es la línea recta que te lleva a tu libertad. No te entretengas buscando otras cosas.

 Es el único camino de salida.


Gracias y disfrutemos.


Ruth Morales


3 comentarios:

  1. Hola Javi, cuánta razón hay en tu relato, me quedé sin palabras, las lágrimas brotaron de mis ojos. Gracis Javi, Dios los Bendice! ( bewitchedZ)

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  2. Mil perdones Rebeca, por equivocarme, gracias!! (bewitchedZ)

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  3. Hola BewitchedZ.

    Me alegro mucho que lo que transmito en esta publicación te haya llegado. Disfruta de ello y sigamos adelante.

    Un saludo y gracias.

    Rebec

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