lunes, marzo 11, 2013

La forma del dinero


    Durante los años 2011 y 2012 estuve prestando mis servicios a una empresa que se dedica a impartir un sistema de trading de futuros (Bolsa).
 Había un número de teléfono de información y detrás de él, estaba yo.

Un día recibí una llamada de un señor. No era la primera vez que llamaba. Quería entrar en el curso pero tenía muchos reparos: el precio, los resultados que obtendría, si él valdría o no para esto, etc.

Lo atendí y lo escuché como siempre había hecho pero esa vez se extendió más de la cuenta. Me contó cosas de su momento presente, de su pasado y de lo que deseaba para su futuro.
Me dijo que trabajaba fuera de casa y que, a veces, se ausentaba hasta 20 días. Tenía mujer e hijos y quería cambiar de vida. Por eso quería dedicarse al trading.
 
Mi cometido no era animarle sino informarle, con lo que siempre me limitaba a escucharlo pero sin emitir opinión alguna. Ese día me habló desde el corazón. Creo que él mismo se dio cuenta de que se estaba desahogando, de que estaba desnudándose ante una persona a la que no le había visto ni la cara, sino a la que solo le había oído su voz. 

En aquel entonces, yo ya había impartido dos seminarios online bajo el nombre "El propósito y el dinero"  y  "El propósito y el dinero (2ªparte)" hablando de lo que ahora es mi propósito. Fue él mismo quien me reconoció, quien me dijo que los había visto y que le habían aportado mucho, muchísimo. Le di las gracias, al mismo tiempo que sentí gratitud ante la vida.

Cuando colgamos, él no estaba todavía seguro de si entrar en este curso o no pero lo sentí lleno de entusiasmo. Yo sabía que lo haría porque eso habría supuesto su primer reto:


 "Apuntarse en un curso de trading de futuros con el fin de llegar a ganar dinero y obtener libertad financiera, es decir, libertad en su vida".

Dos horas más tarde, me llamó una persona muy cercana a mí para contarme algo. Pero luego me estuvo hablando de un amigo en común, amigo de toda la vida que, al parecer, estaba sufriendo de una grave depresión, tomando pastillas para dormir y para despertarse pues ya no podía con su vida. Este amigo en cuestión tenía más de 2 millones de euros en su caja fuerte, en su casa, además del dinero que tiene en otros negocios y bienes inmobiliarios. Ha regalado dinero a sus amigos y hermanos para que emprendieran, para que compraran sus casas, etc. Yo lo conozco desde que tengo 16 años y sé qué persona es: de una excelente educación y sensibilidad a flor de piel, según mi gusto.

Ahora sufre por su soledad, por no saber qué hacer, por no saber gestionar su dinero, por desconfiar de todo el mundo y por no tener a nadie con quien compartir todo eso. Sabía cómo sacar ese dinero de España pero no sabía en quién confiarlo para que lo hiciera por él. Sí, yo pensé lo mismo que tú: 

"Yo te lo saco, no te preocupes. Confía en mí". Me dije para mis adentros mientras me sonreía.

La persona cercana a mí con quien estuve hablando es un buen amigo de él pero no podía ayudarlo más que con su compañía pues es una persona más bien reservada, temerosa de la vida, huyendo siempre de lo que no controla y de ser presa de algún acto ilegal. Por lo tanto, a mi amigo millonario solo le quedaba apoyarse emocionalmente en él. 

Cuando acabamos la conversación, cogí el coche para dirigirme a hacer unas gestiones mientras la cabeza me daba vueltas. 

¡Qué curiosa es la vida! En un mismo día había tenido contacto con dos historias distantes pero unidas por el mismo hilo: el dinero.


Ambas personas estaban sufriendo por el dinero, una por no tenerlo, por creer que esta fuera la causa de su infelicidad al no poder disfrutar mucho tiempo de su familia y por creer que carecía de la valentía para ir en su búsqueda y la otra, por tener tanto dinero pero carecer de ayuda para sostenerlo, por la carga que supone gestionar los problemas que esa cantidad le podría dar y por considerar que el dinero era la causa de su infelicidad, de su momento presente: la depresión que sufría.

Al volver a casa, ya tenía la respuesta. Detrás de ese sentimiento y de esa situación había una misma emoción. 

Todo lo que existe, existe porque es una creencia que forma una forma y esta forma existe porque tiene energía, por lo que yo lo llamo forma energética. ¿De qué se nutre o se mantiene esa energía?
De emoción.
 Lo único que sustenta una forma energética es la emoción. 
¿Cuál? La que más predomina : la del miedo. 

Escribí entonces que, en ambos casos, la solución era la misma. Se trata de disolver esa emoción, ese hilo conductor que trae esa situación a la realidad y entonces, todo se arregla por sí mismo, todo tiende a colocarse cuando lo dejamos pasar, cuando no ponemos emoción en ello. Esto fue, a grandes rasgos, lo que apunté. 

¡Es tan fácil que no lo vemos!


 Es tan barato que nadie pagaría nada por entender esto. 

En cambio, pagamos para dar vueltas y vueltas para que otros nos hablen del juego y de la trampa del dinero. En fin, para que nos hagan saltar y nos motiven para aparecer en el mismo escenario siempre, aunque, a veces, este esté disfrazado con otro decorado, con lo que parece diferente, solo por unas horas y vuelta a empezar.

Gracias y disfrutemos.

Ruth Morales

7 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Me alegro Kiks.

      Gracias por decírmelo.

      Rebeca

      Eliminar
  2. Muy buen articulo Rebeca, y a mi entender cargado de razón respecto a lo de las emociones. Me a encantado leerlo. Gracias. Eduardo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Eduardo por tu comentario. Me alegro mucho de que te haya gustado. Seguimos.

      Rebeca

      Eliminar
  3. Me gusto mucho la reflexion sobre la emocion ,gracias rebeca

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias Rebeca. Muy emocional. Enhorabuena y gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias David por decírmelo. Me alegro de que lo hayas apreciado.

      Un saludo y seguimos

      Rebeca

      Eliminar